En un acantilado al oeste de la Habana se encuentra esta casa rodeada por el mar. A pesar de tener un gran tamaño de programa requerido, tuvimos la intuición de que la casa debía usarse a si misma para esconderse en el paisaje.

Es una casa de fin de semana con vistas sorprendentes, por tanto debía ser completamente abierta para aprovechar su posición, y tener la posibilidad de cerrarse completamente una vez de regreso a la ciudad. Para ello teníamos 2 referencias claras: unas cabañas de Soroa donde el techo es a la vez la habitación, mientras todo lo demás se abre; y las casas de campo que se usan para secar tabaco, donde la madera de palma cubre todo.

Mientras la planta baja concentraba todas las zonas públicas de la Casa siendo un espacio abierto, el cuarto principal se escondía en el techo y los de los invitados y el garaje se ocultaban  bajo tierra iluminados por un largo y estrecho patio. Así logramos una casa resguardada de madera y teja criolla, que oculta otra más pequeña de vidrio y hormigón.

Por Anadis González / Armando Montesino  / David Medina / Fernando Martirena / Gerardo Guillén